La organización Aliança Fulla Verda ha lanzado una advertencia clara sobre los riesgos que puede suponer la futura certificación de Producción Agraria Sostenible (PAS), especialmente en lo que respecta a la posible confusión entre las personas consumidoras. En un contexto donde la preocupación por la salud, el medio ambiente y la calidad de los alimentos es cada vez mayor, la claridad en el etiquetado y la diferenciación de los productos resulta fundamental para garantizar decisiones informadas y responsables.
El principal temor expresado por el sector ecológico es que la nueva certificación PAS pueda percibirse como equivalente —o incluso como alternativa— a la producción ecológica certificada.
Esto supondría un problema significativo, ya que ambos modelos responden a criterios, normativas y niveles de exigencia muy distintos. Mientras que la producción ecológica está regulada por estándares europeos estrictos que prohíben el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos, la producción sostenible, aunque busca reducir el impacto ambiental, permite en muchos casos el uso limitado de estos insumos.
Esta diferencia no es menor. Para muchas personas consumidoras, elegir productos ecológicos responde a una voluntad consciente de evitar residuos químicos tóxicos, apoyar prácticas agrícolas respetuosas con el entorno y fomentar sistemas de producción más justos.
Si la etiqueta PAS no se comunica de manera clara y diferenciada, existe el riesgo de que se diluya el valor del sello ecológico y se genere una falsa equivalencia que beneficie más al marketing que a la transparencia.
El fenómeno del llamado “greenwashing” —estrategias de comunicación que presentan como "verdes" o ecológicos productos que no lo son plenamente— es precisamente lo que preocupa a entidades como Aliança Fulla Verda.
En un mercado saturado de mensajes ambientales, términos como “natural”, “sostenible” o “respetuoso con el medio ambiente” pueden resultar ambiguos si no van acompañados de certificaciones claras y verificables.
La introducción de una nueva etiqueta sin una identidad visual y conceptual diferenciada podría aumentar la confusión en lugar de aportar claridad.
El sector ecológico insiste en que no se trata de rechazar iniciativas que promuevan prácticas agrícolas más ecológicas. Al contrario, se reconoce que cualquier avance hacia modelos productivos menos contaminantes es positivo.
Sin embargo, también se subraya la necesidad de preservar la integridad y el reconocimiento del sello ecológico, que ha sido construido durante décadas y cuenta con un alto nivel de confianza entre la ciudadanía.
Una de las propuestas clave es que la certificación PAS adopte una denominación y una imagen completamente diferenciadas, evitando cualquier similitud con el etiquetado ecológico europeo.
Esto permitiría que las personas consumidoras identifiquen fácilmente qué tipo de producto están adquiriendo y bajo qué criterios ha sido producido. La transparencia no solo protege al consumidor, sino que también garantiza una competencia justa entre los distintos modelos agrícolas.
Además, la educación y la información juegan un papel esencial en este proceso. No basta con crear nuevas etiquetas; es necesario acompañarlas de campañas informativas que expliquen de forma clara qué significan, qué requisitos implican y en qué se diferencian de otras certificaciones existentes.
Solo así se podrá evitar la desinformación y fomentar un consumo verdaderamente consciente.
Otro aspecto relevante es el impacto que esta posible confusión podría tener en los productores ecológicos. Estos agricultores y ganaderos han asumido costes adicionales y han adaptado sus prácticas para cumplir con normativas exigentes.
Si sus productos compiten en el mercado con otros que se presentan como “sostenibles” pero con estándares menos rigurosos, se podría generar una competencia desleal que desincentive la producción ecológica.
En última instancia, la cuestión central gira en torno a la confianza. Las personas consumidoras necesitan confiar en que las etiquetas reflejan de manera fiel las características de los productos.

Cuando esta confianza se ve comprometida, todo el sistema pierde credibilidad. Por eso, la diferenciación entre el sello ecológico y la producción sostenible no es un detalle técnico, sino un elemento clave para el funcionamiento transparente del mercado alimentario.
Elegir productos ecológicos no es solo una decisión individual, sino también una forma de apoyar un modelo agrícola que prioriza la salud del suelo, la biodiversidad y el bienestar de las personas. Iniciativas que puedan generar confusión deben ser cuidadosamente diseñadas para evitar efectos contraproducentes.
La advertencia de Aliança Fulla Verda pone sobre la mesa un debate necesario en un momento de transición hacia sistemas alimentarios más ecológicos. La coexistencia de diferentes certificaciones puede ser positiva si se gestiona con claridad y rigor, pero puede convertirse en un problema si se diluyen las diferencias y se prioriza la imagen sobre el contenido.
Por ello, resulta fundamental que las administraciones públicas, el sector agrícola y las organizaciones de consumidores trabajen conjuntamente para definir criterios claros, garantizar la transparencia y proteger el valor de las certificaciones existentes.
Solo así se podrá avanzar hacia un sistema alimentario más justo y comprensible para todos.
En definitiva, diferenciar claramente entre el sello ecológico y la producción sostenible no es una cuestión menor, sino una condición imprescindible para evitar el greenwashing, proteger a los consumidores y asegurar que las decisiones de compra reflejen realmente los valores que se quieren apoyar.
Apostar por lo ecológico sigue siendo, para muchas personas, una forma directa de decir no a los pesticidas y sí a un futuro más saludable y respetuoso con el planeta.
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