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Cómo tomar las legumbres de manera saludable: beneficios, remojo, cocción y más

Las legumbres son uno de los grandes tesoros de la alimentación saludable. Son económicas, versátiles, saciantes y están llenas de nutrientes valiosos, pero su verdadero potencial depende en buena medida de cómo se preparen. 

Un buen remojo, una cocción adecuada y algunos pequeños gestos en la cocina pueden marcar una gran diferencia tanto en su digestibilidad como en el aprovechamiento de sus propiedades.

Garbanzos, lentejas, alubias, guisantes o judías forman parte de la base de una dieta equilibrada gracias a su contenido en proteínas vegetales, fibra, hidratos de carbono complejos, hierro, magnesio, potasio y folatos.

Su combinación de nutrientes las convierte en un alimento especialmente interesante para quienes buscan reducir el consumo de carne sin renunciar a platos completos y nutritivos. Además, ayudan a mantener una buena salud digestiva y contribuyen a una alimentación más ecológica.

Sin embargo, como ocurre con otros alimentos vegetales, las legumbres contienen compuestos naturales como los fitatos, que pueden dificultar parcialmente la absorción de ciertos minerales.

Eso no significa que deban evitarse, sino todo lo contrario: conviene aprender a tratarlas correctamente para sacarles el máximo partido. El secreto está en una preparación sencilla pero bien pensada.

Elegir bien es el primer paso

La calidad de la legumbre empieza en el momento de la compra. Siempre que sea posible, conviene optar por legumbres secas y, mejor aún, de origen ecológico. Este tipo de producto suele conservar mejor su perfil natural y evita la presencia de pesticidas u otros residuos no deseados.

Las versiones muy procesadas o precocidas pueden ser prácticas, pero no siempre ofrecen la misma calidad nutricional ni el mismo sabor.

Comprar legumbres a granel o en formatos sencillos también ayuda a mantener una dieta más limpia y consciente. Cuanto menos intervenido esté el alimento, más fácil resulta adaptarlo a nuestras necesidades y gustos.

El remojo es una de las claves más importantes para mejorar la digestión de las legumbres y reducir parte de sus antinutrientes naturales. Además de ayudar a disminuir los fitatos, este paso facilita la cocción y puede hacer que el resultado final sea más suave para el sistema digestivo.

Para hacerlo bien, coloca las legumbres en un recipiente amplio y cúbrelas con abundante agua, al menos el doble de su volumen. Puedes añadir una cucharada de vinagre de manzana o de zumo de limón para favorecer el proceso. En el caso de los garbanzos, también puede utilizarse una pizca de bicarbonato de sodio como apoyo adicional.

En cuanto al tiempo, las lentejas y los guisantes suelen requerir unas 8 horas de remojo, mientras que los garbanzos y las alubias necesitan entre 12 horas y un poco más, según su tamaño y dureza. Una vez terminado el remojo, es importante desechar esa agua y enjuagar bien las legumbres antes de cocinarlas.

La cocción también cuenta

Cocer bien las legumbres es tan importante como remojarlas. Lo ideal es usar siempre agua limpia, nunca la del remojo, y empezar la cocción con paciencia, sin prisas. Durante este proceso, algunas especias pueden resultar muy útiles no solo por sabor, sino también por su efecto digestivo.

El laurel, el comino, el hinojo o incluso una pequeña tira de alga kombu pueden aportar un toque muy interesante al guiso.

Conviene añadir la sal al final de la cocción, ya que incorporarla demasiado pronto puede endurecer la piel de algunas legumbres y alargar el tiempo de cocinado. 

Y un detalle importante: el agua de cocción no tiene por qué tirarse. Si queda bien limpia y aromatizada, puede aprovecharse en sopas, cremas o guisos, ya que contiene parte de los nutrientes liberados durante la cocción.

Los tiempos varían según el tipo de legumbre: las lentejas suelen estar listas en 20 a 30 minutos, los garbanzos en 60 a 90 minutos, y las alubias en 45 a 60 minutos. Si se usa olla a presión, el tiempo se reduce de forma considerable.

Germinar para ir un paso más allá

Si quieres potenciar todavía más el valor nutricional de las legumbres, la germinación es una opción muy interesante. Este proceso ayuda a reducir aún más los fitatos y puede favorecer la presencia de algunas vitaminas y compuestos bioactivos.

Después del remojo, basta con escurrir las legumbres y colocarlas en un recipiente aireado. Hay que enjuagarlas cada 8 o 12 horas para mantenerlas en buenas condiciones. En uno o dos días, cuando empiecen a aparecer pequeños brotes, ya estarán listas para cocinar o incorporar a algunas preparaciones específicas. No todas las legumbres se consumen germinadas de la misma forma, pero como técnica culinaria y nutricional es una excelente herramienta.

Las legumbres cocidas en conserva pueden ser una alternativa práctica cuando falta tiempo. Aunque durante el proceso de esterilización pueden perder parte de ciertas vitaminas, siguen conservando una cantidad muy interesante de proteínas, fibra y minerales. 

Lo importante es elegir opciones de buena calidad, preferiblemente ecológicas, como las que tenemos en Espacio Orgánico, y sin aditivos innecesarios.

Antes de consumirlas, lo mejor es enjuagarlas bien bajo el grifo para eliminar parte del sodio empleado en la conservación. Así se obtiene un alimento rápido, útil y bastante completo, ideal para resolver comidas saludables sin complicaciones.

Más sabor, más digestión, más control

Preparar las legumbres en casa tiene muchas ventajas. Permite controlar mejor los ingredientes, ajustar el punto de cocción y personalizar el sabor con hierbas, especias y vegetales al gusto. 

También mejora la digestión, ya que el remojo y la cocción correcta reducen compuestos que pueden resultar molestos para algunas personas.

Además, cocinar legumbres con frecuencia es una forma sencilla de comer mejor sin gastar mucho. Son un alimento humilde, sí, pero con una enorme densidad nutricional y una versatilidad que permite integrarlas en cremas, ensaladas, potajes, hummus, hamburguesas vegetales o platos fríos.

Las legumbres no solo alimentan: también enseñan a cocinar con intención, a respetar los tiempos del alimento y a recuperar una forma de comer más consciente. Bien preparadas, pueden convertirse en uno de los pilares más sólidos de una dieta equilibrada.

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