En los últimos años, hablar de ecología y sostenibilidad se ha convertido en casi una obligación para cualquier empresa que aspire a conectar con consumidores cada vez más informados y críticos. Sin embargo, con la popularidad de conceptos como “ecológico”, “neutro en carbono” o “sostenible”, también han surgido malas prácticas relacionadas con la comunicación medioambiental.
Lo que a veces se conoce como greenwashing -dar apariencia de sostenibilidad o ecología cuando no hay un soporte real detrás- ha despertado preocupación en las instituciones, que buscan proteger tanto al consumidor como a las empresas responsables que sí actúan con coherencia, como intentamos siempre hacer en Espacio Orgánico.
En este contexto, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha presentado el Anteproyecto de Ley de Consumo Sostenible, actualmente en fase de audiencia pública. Se trata de una norma clave que introduce cambios profundos en cómo las empresas pueden comunicar aspectos medioambientales y sociales de sus productos, especialmente en sectores sensibles como el de la alimentación ecológica.
Desde Espacio Orgánico consideramos fundamental analizar esta propuesta, comprender lo que implica y reflexionar sobre cómo se traduce en nuestra misión de ofrecer alimentos verdaderamente sanos y sostenibles.
El poder (y el riesgo) de las afirmaciones medioambientales
Uno de los ejes centrales de la ley es la regulación de las afirmaciones ambientales en la comunicación comercial. El texto plantea que no basta con que una afirmación sea “técnicamente cierta”: si se presenta de forma que pueda llevar a engaño, será igualmente desleal.
Esto es especialmente relevante en la alimentación. Con frecuencia, encontramos productos que se anuncian como “naturales”, “respetuosos con el planeta” o “buenos para el medio ambiente”, sin que exista detrás una verificación creíble.
El problema no es solo semántico: estas afirmaciones moldean decisiones de compra y pueden desplazar a opciones realmente ecológicas o sostenibles, engañando al consumidor y restando valor a las empresas que invierten de verdad en prácticas respetuosas.
A partir de esta ley, para que una empresa pueda transmitir promesas de sostenibilidad futuras -por ejemplo, “en 2030 seremos neutros en carbono”- no bastará con enunciar un deseo. Será imprescindible presentar un plan concreto, con metas medibles, plazos definidos y verificaciones externas, además de garantizar la accesibilidad pública de los resultados.
Esto obliga a pasar de las palabras a los hechos. Ya no valdrá con adornar un envase con términos vagos o imágenes verdes: hará falta demostrar, con datos y auditorías independientes, cómo se cumplen esos compromisos.
Restringir distintivos falsos: la importancia de las certificaciones
Otro apartado muy relevante se refiere al uso de distintivos de sostenibilidad o sellos ecológicos. El anteproyecto aclara que solo serán válidos si cumplen varias condiciones: que estén certificados por terceros, que tengan criterios claros y objetivos, y que sean independientes y transparentes.
Esto conecta directamente con la alimentación ecológica. Durante años, han proliferado sellos o afirmaciones de dudosa procedencia que utilizan palabras como “natural” o “eco” sin cumplir realmente los requisitos que la normativa europea establece para los productos de agricultura ecológica certificada.
En Espacio Orgánico llevamos tiempo alertando de este riesgo: el uso indiscriminado de términos sin certificación daña al consumidor, que no sabe diferenciar qué es fiable, y perjudica gravemente a los productores que trabajan conforme a la legislación europea ecológica, la cual exige auditorías, trazabilidad y controles anuales.
La ley vendría a reforzar la importancia de confiar solo en certificaciones auditadas y con respaldo normativo. Para los alimentos, esto significa que el sello oficial de la hoja verde europea seguirá siendo la referencia principal, y ninguna otra mención vaga podrá sustituirlo.
Decir que algo es “eco” ya no basta
Uno de los puntos más innovadores de la ley es la prohibición de afirmaciones ambientales genéricas sin pruebas sólidas. Expresiones como “100% sostenible”, “producto verde” o “climáticamente neutro” no podrán usarse si no existe un sistema exigente y reconocido que lo respalde.
Esto tiene efectos directos en la alimentación. Por ejemplo:
- Un envase de galletas no podrá decir que es “sostenible” si el único aspecto positivo es que el envoltorio lleva un 30% de material reciclado.
- Una bebida no podrá anunciarse como “neutra en carbono” únicamente porque la empresa haya comprado créditos de compensación de emisiones.
- Ninguna marca podrá presentar su catálogo entero como “ecológico” si solo una parte de sus productos está realmente certificada bajo el marco legal europeo.
La conclusión es clara: la comunicación debe describir realidades concretas y verificables, no aspiraciones generales.
En Espacio Orgánico creemos que esta ley, lejos de ser una amenaza, puede convertirse en una gran oportunidad para el sector de la alimentación ecológica. La primera ganancia es la confianza del consumidor. Cuando compramos un alimento con sello ecológico, queremos tener la certeza de que detrás hay prácticas agrícolas libres de productos químicos tóxicos y que son respetuosas con el medio ambiente.
Las restricciones a la publicidad engañosa contribuirán a que quien adquiera un producto BIO lo haga con conocimiento y respaldo real. La ley obliga a abandonar campañas de marketing vacías y a respaldar los compromisos con planes y auditorías externas. En otras palabras: promueve la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
En un mercado saturado de mensajes verdes, el sello oficial cobra más importancia que nunca. Esto da ventaja a los productores y distribuidores que trabajan con seriedad y someten sus procesos a controles externos.
Riesgos de incumplir la norma
Es importante subrayar que no adaptarse a estas exigencias no será solo un problema ético: tendrá consecuencias legales y reputacionales. El anteproyecto contempla que las afirmaciones engañosas y el uso de sellos no verificados puedan considerarse prácticas comerciales desleales, con posibles sanciones.
Además, en una sociedad cada vez más consciente, los consumidores penalizan con rapidez a las marcas que son descubiertas en casos de greenwashing. En el ámbito de la alimentación, donde hablamos de la salud de las personas y del planeta, el castigo reputacional puede ser especialmente fuerte.
Todo esto no significa que las empresas deban dejar de hablar de ecología y sostenibilidad, sino todo lo contrario: significa que tendrán que aprender a comunicar mejor, con datos claros y transparencia.
Algunas claves que podemos extraer para el sector de la alimentación:
- Evitar generalizaciones y hablar de logros específicos: por ejemplo, explicar cuántos litros de agua se han ahorrado en un cultivo ecológico frente a uno convencional.
- Publicar planes ambientales con indicadores medibles y plazos de cumplimiento.
- Apostar por certificaciones oficiales y reconocidas, visibles y explicadas al consumidor.
- Acompañar la publicidad con información ampliada en páginas web o informes accesibles.
- Contar con la validación de terceros independientes.
Más allá de los productos: el papel de los valores
Si bien la ley regula las comunicaciones comerciales, la sostenibilidad y la ecología no debería ser solo una cuestión de marketing. En el caso de la alimentación ecológica, hablamos de un modo de producción y consumo que se fundamenta en valores profundos: el cuidado de la tierra, el respeto a la biodiversidad, la salud de las personas, la justicia para los productores y la reducción del impacto ambiental.
En Espacio Orgánico entendemos que no se trata únicamente de cumplir una norma, sino de vivir lo ecológico como un compromiso integral. Ofrecer alimentos ecológicos certificados es un punto de partida, pero también trabajamos para que toda nuestra actividad -desde la logística hasta la gestión de residuos- responda a los mismos principios.
El Anteproyecto de Ley de Consumo Sostenible que ahora se somete a información pública representa un paso decisivo en la lucha contra el greenwashing y a favor de un mercado más transparente.
En el ámbito de la alimentación ecológica, supone:
- Proteger el valor de la certificación oficial.
- Evitar la confusión entre productos realmente sostenibles o ecológicos y otros que solo aparentan serlo.
- Fomentar la honestidad y la coherencia por parte de las marcas.
- Garantizar al consumidor que las afirmaciones ambientales están respaldadas por hechos y verificaciones independientes.
En un momento en el que la sostenibilidad ya no es una tendencia sino una necesidad, esta normativa vale tanto como llamada de atención como oportunidad. Quienes trabajamos por un modelo de alimentación respetuoso con el planeta tenemos ahora la ocasión de reivindicar nuestro compromiso y de diferenciar con claridad nuestros valores frente a prácticas engañosas.
Desde Espacio Orgánico continuaremos apostando por una comunicación clara, transparente y verificada, convencidos de que la única manera de construir confianza y avanzar hacia un futuro ecológico es decir la verdad.
Consumo ecológico: hacia una comunicación veraz y transparente en alimentación BIO