España (con datos de 2024 ya que los datos de 2025 son aún demasiado recientes) ha batido todos los récords en exportaciones y se reafirma como una potencia internacional en producción ecológica.
La mala noticia es que el consumo interno ha caído ligeramente, reflejando cierta desconexión entre una producción que vuela y una ciudadanía que, pese a su creciente conciencia ambiental, sigue atrapada en los condicionantes económicos, la desinformación y la falta de incentivos.
Mientras tanto, en el contexto europeo, se aprueban decisiones que amenazan con echar por tierra avances logrados durante décadas en materia ambiental.
En este panorama mixto, conviven tres realidades: un liderazgo productivo, una oportunidad de transformación en el modelo de consumo, y nuevos desafíos regulatorios que ponen a prueba la coherencia del Pacto Verde Europeo.
Exportaciones récord, consumo que se estanca
Según el último Análisis de la Caracterización y Proyección de la Producción Ecológica del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España exportó en 2024 productos ecológicos por valor de 3.884 millones de euros, un 27,5% más que en 2023.
Las importaciones, en cambio, se redujeron a la mitad, hasta los 782 millones, situando la balanza comercial ecológica en su máximo histórico: 3.102 millones de euros.
Estas cifras consolidan a España como líder mundial en viticultura y aceite de oliva ecológicos, y entre los tres primeros países en cítricos y legumbres ecológicas. Nuestros principales destinos siguen siendo Alemania, Francia y Países Bajos, mientras que fuera de la UE destacan Estados Unidos, Reino Unido, Corea del Sur y Japón.
No en vano, España ya es el tercer país con más exportadores ecológicos del planeta (7,4% del total mundial).
Pero este éxito exterior contrasta con un dato menos brillante: el consumo interno cayó un 0,89%, situándose en 2.890 millones de euros. El gasto per cápita se quedó en 59,44 euros, todavía muy por debajo de países vecinos como Francia, Alemania o Dinamarca.
El patrón de consumo también aporta matices interesantes: las frutas frescas lideran el volumen total consumido (24,1%), seguidas de hortalizas frescas (17,6%) y pan fresco (11,7%). Sin embargo, en términos de valor, suben las categorías premium: la carne ecológica acapara el 29,4% del gasto y pescado (12,2%).
Coherencia ambiental: del campo al envase
Esa coherencia es precisamente la clave de un proyecto pionero que en Francia está marcando tendencia: Le Super Tout Nu, en Toulouse, un supermercado sin plásticos y con propuesta “cero residuos”. Ofrece más de 2.000 productos -BIO, locales o artesanales- con precios asequibles y una vocación ambiental radical.
Allí, los envases de plástico han sido sustituidos por tarros de cristal y bolsas de tela reutilizables. El cliente paga sólo por el alimento, no por el envase, y los tarros son devueltos, lavados y reincorporados al sistema.
Pierre y Salomé, cofundadores del establecimiento, resumen su filosofía en una frase: “Productos sanos, al precio más justo, siempre con la propuesta 0 residuos.” El éxito ha sido inmediato. La iniciativa se está expandiendo a otras zonas de Francia y hasta grandes cadenas como Carrefour están probando “corners” inspirados en el modelo.
Este tipo de proyectos demuestran que los principios ecológicos pueden ser rentables si se integran coherentemente en toda la cadena de valor, desde la producción hasta el envase. España, líder en superficie ecológica -con casi 3 millones de hectáreas, el 12,31% de la superficie agraria útil-, tiene en este ámbito un enorme margen de innovación.
Aun con una producción potente, queda por consolidar una verdadera cultura del consumo ecológico, donde el gesto de comprar vaya acompañado de una visión de conjunto: qué comemos, cómo lo producimos y cómo lo transportamos o envasamos.

La amenaza del Reglamento Ómnibus
El nuevo Reglamento Ómnibus sobre alimentos y piensos, aprobado por la Comisión Europea el pasado diciembre, ha generado una profunda preocupación entre organizaciones ambientales como SEO/BirdLife, que denuncia que esta norma supone un fuerte retroceso en la protección de la salud pública y del medio ambiente frente a los impactos de los pesticidas.
La entidad -que ha remitido cartas a los ministerios españoles competentes y a la propia Comisión Europea- solicita su retirada inmediata y urge a eliminar del mercado productos con efectos carcinógenos, disruptores endocrinos o tóxicos para los polinizadores.
La organización advierte de que esta reforma debilita seriamente los objetivos del Pacto Verde Europeo y de la estrategia “De la granja a la mesa”, que promovían la reducción de pesticidas peligrosos y el impulso de prácticas limpias como la agricultura ecológica o la regenerativa.
Además, limita el uso de la evidencia científica más reciente, amplía los márgenes de excepción para autorizar productos inseguros y prolonga la presencia de sustancias prohibidas durante años, incluso permitiendo fumigación aérea con drones. En la práctica, abre la puerta a convivir con pesticidas ya identificados como nocivos.
SEO/BirdLife recuerda que la ciencia ha vinculado el uso de pesticidas con enfermedades graves como párkinson, leucemias infantiles o déficits cognitivos en menores, así como con un fuerte deterioro de los ecosistemas por la pérdida de abejas y fauna auxiliar. La ciudadanía europea ha mostrado reiteradamente su rechazo a estos riesgos: más del 80 % de los encuestados en estudios recientes respalda la eliminación progresiva de los pesticidas peligrosos.
Lo que reclama el sector ecológico
El debate sobre el Reglamento Ómnibus y la pérdida de ambición ambiental en Europa da aún más relevancia a las propuestas que el sector ecológico español y europeo lleva tiempo planteando. Desde el corazón de la producción hasta el lineal del supermercado, existe una agenda pendiente para garantizar el acceso a los productos ecológicos y la transparencia:
- Reforzar el valor del sello Eurohoja, combatiendo el greenwashing o lavado de cara verde regulando conceptos ambiguos como “sostenible” o “regenerativo”.
- Campañas de promoción pública que den visibilidad al valor añadido de la certificación ecológica.
- Formación en todos los niveles, desde la educación básica hasta los programas de Formación Profesional (FP) y especialización profesional.
- Incentivos fiscales para la conversión ecológica y el mantenimiento de prácticas sostenibles.
- Apoyo financiero a la certificación, cubriendo costes de inspección y armonizando precios en todo el territorio.
- Digitalización e innovación, con espacios de experimentación y asesoramiento técnico a productores.
- IVA superreducido para productos ecológicos, facilitando la accesibilidad de los consumidores.
- Consumo mínimo del 25% de productos ecológicos en comedores públicos, incluyendo escuelas, hospitales y universidades.
- Bonificaciones a puntos de venta que ofrezcan una oferta ecológica amplia y estable.
Estas medidas no son un lujo, sino una necesidad estratégica para mantener vivo el impulso de un sector que ya demuestra su potencial económico, social y ambiental.
Un futuro en disputa
España lidera en producción ecológica, pero necesita fortalecer su consumo interno y defender con firmeza una regulación europea que esté a la altura de la emergencia climática y sanitaria. No basta con exportar más; hay que cultivar una cultura ecológica propia, que combine conciencia ambiental, innovación empresarial y políticas públicas coherentes.
El equilibrio entre esos tres pilares marcará el rumbo del sector en los próximos años. 2024 ha dejado claros los extremos: récords históricos y retrocesos preocupantes; el ejemplo luminoso de proyectos como Le Super Tout Nu y la sombra de normativas que ponen en riesgo lo avanzado.
El desafío para 2026 y más allá está sobre la mesa: que el liderazgo ecológico español no se mida sólo en hectáreas o exportaciones, sino también en coherencia, consumo responsable y compromiso colectivo.
Éxitos y amenazas del modelo ecológico: récords históricos y nuevos desafíos para 2026