Durante años, el aceite de oliva virgen extra (AOVE) ha sido considerado una de las joyas de la dieta mediterránea. Su reputación como protector del corazón, regulador del metabolismo y fuente de antioxidantes naturales lo ha convertido en un símbolo de salud.
Sin embargo, la ciencia sigue desentrañando nuevos matices de su poder nutricional. Uno de los más fascinantes llega de la mano de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y su Unidad de Nutrición Humana, que ha liderado un estudio pionero que vincula el consumo de aceite de oliva virgen con una mejor función cognitiva a través de la microbiota intestinal.
El trabajo, realizado junto al Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el CIBER de Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), aporta una pieza clave en el puzzle del llamado “eje intestino-cerebro”, una línea de investigación que en los últimos años está revolucionando la manera en que comprendemos la salud mental y el envejecimiento cerebral.
Un estudio que une dieta, microbiota e inteligencia biológica
El estudio de la URV, publicado en 2026, analizó los datos de 656 personas de entre 55 y 75 años con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico. Los participantes formaban parte del proyecto PREDIMED-Plus, uno de los mayores ensayos clínicos sobre dieta mediterránea y salud.
Durante dos años de seguimiento, el equipo científico evaluó tanto el tipo de aceite de oliva consumido (virgen o refinado) como la composición de la microbiota intestinal y la evolución de la función cognitiva de los participantes.
Los resultados fueron claros: quienes consumían aceite de oliva virgen mostraron una mayor diversidad microbiana intestinal y una mejor preservación de las capacidades cognitivas, en comparación con quienes consumían aceite refinado.
En otras palabras, el tipo de grasa que elegimos para cocinar o aliñar nuestros platos podría influir en cómo envejece nuestro cerebro.
Además, los investigadores identificaron un grupo bacteriano específico, el género Adlercreutzia, cuya presencia podría relacionarse con los efectos protectores del aceite virgen sobre la función cognitiva. Este hallazgo abre nuevas vías de investigación para descubrir cómo ciertos microorganismos intestinales pueden mediar los beneficios de alimentos tradicionales.
El poder está en los compuestos bioactivos
¿Por qué el aceite de oliva virgen es diferente del refinado? La respuesta está en su proceso de elaboración. El aceite virgen se obtiene exclusivamente mediante procedimientos mecánicos -sin uso de disolventes ni altas temperaturas- que permiten conservar polifenoles, vitaminas, tocoferoles y antioxidantes naturales, elementos que confieren estabilidad, sabor y propiedades antiinflamatorias.
En cambio, el aceite refinado, sometido a procesos industriales de desodorización y filtrado, pierde buena parte de estos compuestos bioactivos. Esto explica por qué el virgen no solo aporta energía, sino también información biológica que modula el funcionamiento de nuestras células y microorganismos intestinales.
La investigadora Jiaqi Ni, primera firmante del estudio, lo resume con claridad: “No todos los aceites de oliva aportan los mismos beneficios; solo los vírgenes, por su riqueza en compuestos naturales, pueden contribuir de forma significativa a preservar la salud cognitiva”.
Microbiota: el nuevo órgano invisible
Para entender el alcance de este descubrimiento, hay que detenerse un momento en la microbiota intestinal, ese conjunto de billones de microorganismos que viven en nuestro intestino y que actúan como un auténtico órgano metabólico. Sabemos ya que una microbiota diversa y equilibrada ayuda a regular la digestión, protege nuestro sistema inmunitario y reduce la inflamación crónica.
Pero en los últimos años, los estudios -incluidos varios que hemos compartido recientemente- han demostrado que esa red microbiana también dialoga directamente con el cerebro. A través de señales químicas, nerviosas y hormonales, la microbiota influye en la producción de neurotransmisores como la serotonina o el GABA, modula el estrés y, como ahora vemos, puede participar en la preservación de las capacidades cognitivas durante el envejecimiento.
Este nuevo estudio encaja a la perfección con otras líneas de investigación que muestran cómo los alimentos ricos en polifenoles —como frutas rojas, cacao puro, café sin refinar o legumbres— promueven la biodiversidad microbiana y reducen la inflamación sistémica relacionada con el deterioro neurológico. En esta ecuación, el aceite de oliva virgen extra aparece como un elemento central, un mediador entre nuestra alimentación, la microbiota y la salud cerebral.

La dieta mediterránea: más vigente que nunca
Lejos de ser una moda o un recurso cultural, la dieta mediterránea tradicional -rica en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y aceite de oliva virgen extra como principal fuente de grasa- se consolida como una de las estrategias más eficaces para mantener una buena salud a largo plazo.
El catedrático Jordi Salas-Salvadó, investigador principal del estudio, lo destaca así: “La investigación refuerza la idea de que la calidad de las grasas que consumimos es tan importante como la cantidad. El aceite de oliva virgen no solo protege el corazón, sino que también puede ayudar a cuidar el cerebro durante el envejecimiento”.
Esta afirmación cobra especial significado en el contexto del aumento global de los casos de deterioro cognitivo y demencia, un reto sanitario y social creciente. Las investigadoras Nancy Babio y Stephanie Nishi, también autoras del trabajo, subrayan que priorizar el consumo de aceites de oliva virgen frente a los refinados podría convertirse en una estrategia nutricional sencilla, accesible y eficaz para reducir el riesgo de pérdida cognitiva.
Lo que comemos influye en cómo pensamos
El estudio de la URV no solo ofrece una perspectiva innovadora sobre el aceite de oliva, sino que también se enmarca en una corriente científica más amplia que reconoce que la mente y el intestino están profundamente conectados.
No es casualidad que los resultados coincidan con las conclusiones de otras investigaciones recientes que hemos comentado en nuestro blog: por ejemplo, aquellas que relacionan una microbiota diversa con mejor salud emocional o menor riesgo de depresión y ansiedad.
Los mecanismos biológicos detrás de estas asociaciones son complejos, pero la hipótesis común es que una microbiota equilibrada genera metabolitos con acción antiinflamatoria y neuroprotectora.
Esto nos lleva a una reflexión importante: cada comida no solo alimenta nuestras células, sino también a nuestras bacterias intestinales, que a su vez influyen en cómo sentimos, pensamos y recordamos.
Así, cuando elegimos un aceite virgen extra frente a uno refinado, estamos optando por un alimento que nutre esa comunidad microbiana y, a la larga, favorece un mejor equilibrio entre cuerpo y mente.
La población mundial está envejeciendo a una velocidad sin precedentes. La búsqueda de estrategias naturales y sostenibles para mantener la salud cognitiva se ha convertido en una prioridad. A menudo se habla de fármacos, suplementos o terapias de estimulación, pero la evidencia apunta a que lo más eficaz sigue siendo una alimentación equilibrada, variada y rica en compuestos bioactivos naturales.
Este estudio aporta esperanza porque sugiere que un hábito cotidiano -usar aceite de oliva virgen de calidad- podría marcar diferencias significativas a largo plazo. En otras palabras, el envejecimiento saludable empieza en la cocina.
Al combinar este hallazgo con investigaciones previas sobre microbiota, podemos vislumbrar un futuro en el que la nutrición personalizada y el análisis del microbioma permitan diseñar dietas adaptadas al estado cognitivo y metabólico de cada persona. Una idea que no pertenece ya a la ciencia ficción, sino al presente de la medicina preventiva y de la nutrición del bienestar.
De la teoría a la práctica
Adoptar estas conclusiones en la vida diaria no requiere grandes cambios, sino un retorno a la simplicidad y la calidad. Estas son algunas recomendaciones basadas en los resultados del estudio y la evidencia científica más reciente:
- Prioriza el aceite de oliva virgen extra (AOVE) frente a refinados o mezclas, tanto para cocinar como para aliñar.
- Consume una dieta rica en fibra prebiótica (frutas, verduras, legumbres, avena) para nutrir tu microbiota.
- Aumenta la presencia de alimentos fermentados naturales como yogur, kéfir, kombucha o chucrut.
- Evita o modera los ultraprocesados y azúcares añadidos, que reducen la biodiversidad intestinal.
- Mantén un estilo de vida equilibrado: sueño suficiente, actividad física y manejo del estrés, factores que también influyen en la salud de la microbiota y del cerebro.
Pequeños hábitos sostenidos en el tiempo son los que realmente transforman la salud. Tal y como recuerda la evidencia, no se trata solo de vivir más, sino de vivir con plenitud y lucidez.
El valor de mirar al interior
El descubrimiento de que el aceite de oliva virgen mejora la salud cognitiva a través de la microbiota redefine nuestra comprensión de la dieta mediterránea. Ya no hablamos únicamente de nutrientes o calorías, sino de una compleja red de interacciones biológicas que conectan el intestino con el cerebro.
El mensaje es claro: la calidad importa, y los alimentos que favorecen una microbiota diversa son, también, los que mejor protegen nuestra mente. En una época en la que las enfermedades neurodegenerativas amenazan con convertirse en una epidemia silenciosa, recuperar el valor de la alimentación consciente y de los productos naturales cobra más sentido que nunca.
El aceite de oliva virgen -con su pureza, su sabor y su densidad simbólica- representa mucho más que un ingrediente culinario. Es, literalmente, un alimento para el cerebro.
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El aceite de oliva virgen, la microbiota y el cerebro: un triángulo de salud que refuerza la ciencia