Durante el embarazo, cada bocado cuenta. No solo porque la alimentación de la madre influye directamente en su bienestar, sino porque también sienta las bases del desarrollo físico y mental del bebé.
A medida que la ciencia avanza, nuevas investigaciones van revelando el impacto de ciertos nutrientes más allá de lo que se pensaba. Es el caso de la vitamina K, un micronutriente al que, hasta ahora, se le atribuía sobre todo un papel en la coagulación de la sangre, pero que empieza a perfilarse como una pieza clave en el desarrollo neurológico infantil.
Un equipo de la Universitat Rovira i Virgili (URV) ha abierto una nueva línea de conocimiento al demostrar por primera vez la relación entre la ingesta materna de vitamina K1 (filoquinona) y el neurodesarrollo en los niños.
Los resultados, publicados en la revista científica Pediatric Research, aportan evidencia de que las madres con un consumo más elevado de esta vitamina dan a luz a hijos con mejores puntuaciones en áreas como la cognición, la comunicación o el desarrollo físico.
Un estudio pionero con más de mil madres e hijos
El trabajo, liderado por la catedrática Mònica Bulló y el investigador Jordi Júlvez, analizó a más de 1.080 mujeres embarazadas y sus hijos en Barcelona. Para estimar la ingesta de vitamina K, las madres completaron detallados cuestionarios de frecuencia alimentaria que incluían más de un centenar de alimentos habituales en la dieta mediterránea. Posteriormente se evaluaron diversas áreas del desarrollo infantil: cognición, desarrollo socioemocional, comunicación, comportamiento y desarrollo físico a lo largo de los primeros años de vida.
El hallazgo es consistente: una mayor ingesta de vitamina K durante el embarazo se asoció con un mejor desarrollo global. De manera más específica, los niños de madres con un consumo elevado mostraron mayores habilidades cognitivas, mejor capacidad de comunicación y coordinación física más desarrollada.
Los investigadores incluso señalan que duplicar las recomendaciones actuales de ingesta de vitamina K (pensadas para la población general, no para embarazadas) podría asociarse con mejoras adicionales en el lenguaje expresivo y la comunicación infantil.
Aunque se trata de un estudio observacional -y, por tanto, no establece una relación causal directa-, abre una puerta muy interesante: ¿y si parte del desarrollo cerebral infantil dependiera de un aporte óptimo de vitamina K desde la gestación?
¿Qué hace realmente la vitamina K en nuestro organismo?
Tradicionalmente, la vitamina K se ha vinculado a la coagulación de la sangre: su carencia puede provocar sangrados o una mala cicatrización de heridas. Pero su papel va mucho más allá. En los últimos años se ha descubierto que interviene en procesos fundamentales como:
- El metabolismo óseo, ayudando a fijar el calcio en los huesos.
- La regulación de la glucosa y la insulina, importante en la prevención de la diabetes gestacional.
- Las funciones antioxidantes y antiinflamatorias, que contribuyen a mantener la salud celular y vascular.
- Y, según esta nueva evidencia, también podría participar en el desarrollo cerebral y neuronal temprano.
Esta última función tiene sentido biológico: el cerebro en desarrollo es extremadamente sensible a los procesos inflamatorios y al estrés oxidativo, ambos controlados -en parte- por compuestos dependientes de la vitamina K. Un adecuado nivel de esta vitamina podría, por tanto, favorecer un entorno metabólico más sano para las neuronas en formación.

Alimentos ricos en vitamina K
Llegamos al punto que más interesa a las futuras madres y, por supuesto, a quienes confiamos en el poder de los alimentos ecológicos: ¿de dónde obtenemos la vitamina K?
Existen dos formas principales de esta vitamina:
- Vitamina K1 (filoquinona): de origen vegetal, presente sobre todo en verduras de hoja verde.
- Vitamina K2 (menaquinona): de origen bacteriano, se encuentra en alimentos fermentados y en productos animales de pastoreo.
Como el estudio analizado se centró en la vitamina K1, vale la pena destacar los alimentos vegetales que la aportan en mayor cantidad y cómo incorporarlos a la dieta, especialmente durante el embarazo.
Son las grandes reinas de esta vitamina. Las más ricas son:
- Kale o col rizada: con pequeñas porciones ya se cubren las recomendaciones diarias. En crudo en ensaladas o ligeramente salteada conserva gran parte de su contenido.
- Espinacas: ideales en revueltos, cremas o potajes. Su contenido en K se mantiene incluso cocinadas.
- Acelgas: fuente de vitamina K, hierro y fibra. Combinan bien con garbanzos o arroz integral.
- Brócoli: además de K, aporta ácido fólico y vitamina C, esenciales para el embarazo.
- Lechugas de hoja verde oscuro, como la romana, lombarda o escarola.
Otros alimentos vegetales destacados
- Coles de Bruselas, repollo, perejil fresco y berros.
- Aceites vegetales de primera presión en frío, sobre todo el aceite de oliva virgen extra ecológico, el de soja y el de canola (siempre que sean ecológicos y sin refinar).
- Aguacate y kiwi, con cantidades moderadas de vitamina K y otros antioxidantes complementarios.
Aunque el estudio se centra en la K1, conviene mencionar que la vitamina K2 también tiene beneficios neurológicos y óseos. Se obtiene principalmente de:
- Quesos curados ecológicos y yogures naturales fermentados.
- Natto (soja fermentada, muy rica en K2).
- Huevos camperos y carnes de animales de pastoreo, donde el perfil nutricional es más equilibrado y natural.
Integrar una variedad de estos alimentos en la dieta diaria ayuda a mantener un nivel estable de vitamina K, sin necesidad de suplementos en la mayoría de los casos.
Un detalle que suele pasarse por alto es que los alimentos ecológicos suelen tener una mayor densidad de micronutrientes, al cultivarse en suelos más ricos y sin pesticidas ni fertilizantes químicos tóxicos que afectan al microbioma vegetal.
Además, la biodisponibilidad -es decir, la capacidad de nuestro cuerpo para absorber la vitamina- aumenta cuando se combinan estas verduras con grasas saludables, como el aceite de oliva, el aguacate o los frutos secos.
Un ejemplo sencillo y delicioso: una ensalada templada de kale y brócoli ecológicos con aceite de oliva virgen extra, aguacate y semillas de sésamo. No solo es nutritiva y saciante, sino que optimiza la absorción de la vitamina K1 y de otros compuestos antioxidantes.
Recomendaciones prácticas para embarazadas
Aunque aún no existen guías específicas sobre la dosis óptima de vitamina K durante el embarazo, los resultados del estudio sugieren que un aporte superior al actual podría resultar beneficioso.
Para mujeres embarazadas, puede ser útil:
- Consumir a diario al menos una ración de verduras de hoja verde (unos 80–100 g).
- Variar las fuentes: kale, espinacas, acelgas, brócoli, coles, perejil… cada una aporta tipos distintos de fitonutrientes.
- Combinar con grasas saludables para mejorar la absorción.
- Preferir productos ecológicos y de temporada, con un perfil nutricional más equilibrado y sabor más intenso.
- Evitar alimentos muy procesados, azúcares refinados y exceso de sal, que reducen la capacidad de aprovechamiento de vitaminas y minerales.
Como siempre, es recomendable que las mujeres embarazadas consulten con su profesional de salud antes de hacer cambios importantes en la dieta o tomar suplementos.
El hallazgo de la URV refuerza una idea que compartimos profundamente en Espacio Orgánico: la alimentación consciente y natural durante el embarazo no solo nutre el cuerpo, sino también el futuro emocional y cognitivo del bebé.
El cerebro se construye con los ladrillos que proporciona la dieta materna. Y si hasta ahora se había puesto el foco en nutrientes como el ácido fólico, el hierro o los omega-3, tal vez haya llegado el momento de abrir la puerta a la vitamina K como nuevo protagonista del bienestar prenatal.
Cuidar la alimentación durante el embarazo es mucho más que cumplir con recomendaciones: es un acto de amor y prevención que comienza en el plato, con alimentos vivos, cercanos y libres de químicos tóxicos.
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La vitamina K, una aliada del desarrollo cerebral durante el embarazo