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Comer sano (sin obsesionarse)

Comer sano (sin obsesionarse)
17 febrero, 2017 Lucia Villlalba

En los últimos años ha aumentado la inquietud por comer sano. Ya sea porque la vida saludable está “de moda” o porque se ha adquirido una verdadera conciencia, cada vez son más las personas que se suman a la alimentación sana y ecológica. Sin embargo, esta actitud se está convirtiendo en una obsesión para cierto porcentaje de la población, produciendo precisamente el efecto contrario.

El médico americano Steven Bratman (especialista en terapias alternativas) acuñó en 1996 el término “ortorexia” para definir el trastorno alimentario que supone un empeño extremo en la alimentación saludable. El propio Bratman se vio afectado por la ortorexia y recogió sus experiencias en el libro Health Food Junkies (los yonkis de la comida sana). En el libro, Bratman cuenta cómo se obsesionó por la comida hasta tal punto de llegar a comer solo vegetales recién cogidos o masticar cada bocado por lo menos cincuenta veces. Un monje y los helados le hicieron liberarse de su obsesión y ahora aboga por dietas saludables pero no tan estrictas.

Aunque la palabra no está recogida en el diccionario y tampoco tipificada como enfermedad clínica, el término se ha popularizado y la propia Organización Mundial de la Salud advierte de su peligro. Según la OMS, un 28% de la población de los países desarrollados se ve afectada de alguna manera por esta obsesión por la comida sana. Además, en contra de lo que pueda parecer, no es un trastorno que influya a determinados perfiles como pueden ser deportistas o modelos, sino que cualquier persona puede verse afectada.

Paradójicamente, estas dietas que promueven la alimentación saludable de forma tan severa, consiguen todo lo contrario: llevadas al extremo pueden producir desnutrición o derivar en otras enfermedades relacionadas como la anorexia. La doctora Bettina Isenchmid, especialista en trastornos alimenticios en L’Hôpital de l’Isle de Berna, considera que se está creando una cierta relación neurótica con la alimentación, fundada en la dicotomía alimentos “buenos” y alimentos “malos”.

Como todo en la vida, el secreto está en el equilibrio. La comida es sin duda una fuente de salud, pero también un apasionante deleite. Si nuestra relación con la comida se vuelve sufrimiento, algo no estamos haciendo bien. Para orientarnos, podemos consultar a un nutricionista, que nos indique los alimentos mejores para la salud y nos recomiende los productos de calidad que mejor vengan a nuestro organismo.

Laura Bermejo, colaboradora de Espacio Orgánico

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