Hacia una nueva salud holística

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“Nacemos, consumimos y morimos”. Esta ironía refleja de manera muy aproximada la sociedad actual. Nos hemos convertido en consumidores: de productos, de emociones, de viajes, de amores, hasta consumidores de “salud” y “espiritualidad”. Estamos dominados por las enfermedades de la prisa y la gula, sea gula alimentaria, de drogas, de sexo, de emociones. Vivimos auténticamente empachados en nuestro cuerpo, mente y emociones.

La ausencia de enfermedades, según su calificación alopática, no significa que estemos sanos; salud no es solo no estar enfermos, es tener vitalidad, alegría, apetito y dormir bien, tener ganas de vivir, de aprender, de compartir, sea cual sea la edad que tengamos.

Somos la primera generación que va a vivir con peor salud que la generación de sus padres. Es indudable que vivimos más años, pero ¿estamos sanos? ¿Tenemos energía? ¿Disfrutamos de una buena vejez?

Os preguntareis qué tiene que ver esto con la medicina o la salud holística. Como definición, la medicina holística, sea cual sea la línea que siga, es la que tiene en cuenta el conjunto de un ser humano, sus emociones, sus pensamientos, qué come, cuáles son sus relaciones personales, cómo y dónde vive, etcétera.

Todo sistema de salud debería promover una salud óptima del paciente. La salud, entendida de modo holístico, considera que se deben trabajar todas las partes de una persona para que ésta alcance de nuevo la salud; no entiende que mente, cuerpo y espíritu estén separados. En nuestro cuerpo se interrelacionan diferentes sistemas, condicionando cada uno de estos el todo.

Este concepto individual ha de abandonarse. En un mundo cada vez más globalizado, el concepto de salud individual se hace caduco. Debemos empezar a enfocar la sanación en grupo. Se hace imposible tener individuos sanos en una sociedad enferma, tu salud condiciona mi salud y tu consumo condiciona mi salud y viceversa. Nunca ha sido tan urgente la máxima de: “Si tú estás bien, yo estoy bien”.

Estamos viviendo una gran crisis climática y no podemos permanecer como meros espectadores, tenemos que decidirnos a jugar un papel activo en nuestro día a día y no dejar todo en manos de gobiernos y empresas.

Personalmente, nunca he creído que existan ni terapeutas ni terapias holísticas. Sí creo firmemente que se pueden formar equipos holísticos, donde profesionales de la nutrición, del masaje, de la naturopatía, de la terapia psicológica, profesores de yoga, conviven en un espacio para ofrecer a cada persona lo que necesita.

Disfruto del lujo de trabajar en un espacio holístico, donde un nutrido grupo de terapeutas y profesores cuida de nuestros clientes. Cada uno en su espacio, cada uno en su especialización, atendemos las necesidades biológicas, mentales, emocionales y espirituales de las personas que se nos acercan. Siempre con la humildad de que no somos médicos, no sanamos ni curamos a nadie: nuestra única misión es guiar a las personas para que recuerden que son responsables de su salud y tienen potencial de sanarse.

Somos simples educadores de salud, nada más, el trabajo siempre es a realizar por el cliente. Pero si evolucionamos desde el concepto de salud individual al de salud en comunidad, los actores que intervienen son muchísimos más. En un enclave como es Espacio Orgánico existen un supermercado y un restaurante 100% ecológicos. Cada uno de los trabajadores de esos espacios colaboran en el estado de salud de los clientes, tanto o más que los terapeutas propiamente dichos. Todos son importantes.

Tal vez el ego de alguno de mis compañeros de profesión se resienta ante tal afirmación, pero creo que hemos de ser más humildes, darnos cuenta que los centros ecológicos y terapéuticos han ejercer una labor informativa, de salud, de consumo consciente, para que toda la sociedad mejore.

Los centros así somos pequeñas semillas en una sociedad que no está atendiendo a las necesidades reales de las personas que la forman. Resulta paradójico que la sociedad, la industria y el marketing no paren de crearnos necesidades que, en el fondo, si nos paramos a pensar, son inútiles; y que las cosas que realmente necesitamos no las tengamos.

Para que esto funcione todos los implicados han de estar alineados en conseguir una salud común. Y entre todos los actores de esta nueva salud holística el más importante de todos eres tú, el consumidor: tus elecciones de consumo van a determinar no sólo tu salud, sino la de todos los demás.

Necesitamos consumir mucho menos y de una forma sostenible; comer menos y con más calidad; elegir productos de cercanía y de temporada; comprar a granel, en envases retornables. Estas acciones mejorarán la salud de todo el planeta y de todos los que lo habitan. Y piensa que tal vez -tal vez-, la persona más importante en tu salud no sean ni tu médico ni tu terapeuta: tal vez sea tu frutero ecológico. Vivamos un poco más despacio, con menos, pero tal vez más felices y sanos.    

Alejandro Sexto Naveira. Naturópata y responsable de la sala de Yoga de Espacio Orgánico

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