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.... Y al vino, vino

… Y al vino, vino
1 febrero, 2017 Lucia Villlalba

Dice un refrán que “con pan y vino se anda el camino”, y debe de ser verdad, porque son dos alimentos que pueden ser muy potentes. Como ya le dedicamos un artículo al pan ecológico, ahora le toca el turno al vino, un alimento que –tomado en justa medida– puede ser muy beneficioso para la salud.

Pero, ¿qué diferencia un vino ecológico de otro que no lo es? La respuesta es que la elaboración del mismo se realiza según unas normas específicas, que incluyen un uso de productos específicos, unas determinadas prácticas enológicas y una serie de restricciones. El vino ecológico se produce bajo los criterios bio establecidos por la Unión Europea a principios de los años 90 y está rigurosamente controlado mediante reglamentos oficiales.

Es importante tener en cuenta a la hora de comprar un vino ecológico que debe estar señalado como tal. La botella de un vino ecológico tiene que llevar marcado en la etiqueta el certificado europeo de la Denominación Genérica “Agricultura Ecológica”, además suelen ir acompañados del sello certificador de la correspondiente comunidad autónoma.

El Ministerio de Agricultura define la agricultura ecológica como el “compendio de técnicas agrarias que excluye normalmente el uso, en la agricultura y ganadería, de productos químicos de síntesis como fertilizantes, plaguicidas, antibióticos, etc., con el objetivo de preservar el medio ambiente, mantener o aumentar la fertilidad del suelo y proporcionar alimentos con todas sus propiedades naturales”. Según esto, un vino ecológico será aquel que respete esta producción amable con el medio ambiente.

Cuando una bodega consigue el certificado ecológico debe esperar tres años para comercializar sus productos y someterse a revisiones periódicas para controlar que se sigue la normativa. Esta normativa puede llegar a ser muy extensa y específica, e incluso cambiante según los reglamentos de la Unión Europea, pero en esencia, el vino ecológico debe respetar los criterios de respeto al medio ambiente en todas sus fases (siembra, vendimia, proceso enológico, conservación, embotellado…). Estas son algunas prácticas que diferencian al vino ecológico:

  • Abonar los campos con abonos orgánicos naturales y nunca minerales. Se pueden utilizar residuos del propio cultivo como sarmientos triturados.
  • La producción de vino ecológico se realiza respetando la evolución propia de las características de la uva, sin añadir procesos artificiales o químicos.
  • Se respeta la cantidad de sulfitos que están presentes de manera natural en el vino, sin añadir más sulfitos con el fin de alargar la conservación.
  • La fermentación de la uva se consigue mediante levaduras que están de manera natural en el mosto.
  • La conservación del vino se hace en recipientes reglamentarios como acero inoxidable, madera, hormigón revestido o barro cocido.
  • El almacenamiento ha de realizarse sin tratamientos adicionales.
  • La vinificación debe hacerse sin el antiséptico y antioxidante SO2.
  • El envasado es en botellas de vidrio.

Esta praxis lo que consigue es un vino de calidad superior que mantiene todas las propiedades naturales de la uva. La uva contiene, especialmente en la piel y en las pepitas, compuestos polifenólicos (antioxidantes) que son beneficiosos para la salud cardiovascular y para prevenir el envejecimiento. Las uvas también tienen resveratrol por lo que el vino puede ser un aliado contra la apatía y el cansancio. Además, el vino bloquea el crecimiento de células cancerígenas e impide la formación de nuevas células de grasa, lo que es una buena noticia para nuestra dieta. Todo esto, sumado a sus propiedades astringentes, que intensifican el sabor de los alimentos, hace del vino un alimento muy a tener en cuenta.

Con un pequeño vaso de vino al día podremos andar el camino, que decía el refrán, y cuidar nuestra salud. Y la variedad para elegir es inmensa: según el Ministerio de Agricultura hay alrededor de 700 bodegas en España produciendo vino ecológico. Si el sabor es bueno y la calidad inmejorable, ¿qué más se puede pedir?

Laura Bermejo, colaboradora de Espacio Orgánico

 

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